El interminable ciclo de manipulación del mercado de la Reserva Federal de Estados Unidos apunta a transformar a la mayor economía del mundo en un nuevo Japón, con el riesgo que podría arrastrar al mundo consigo.

Por Jim Rickards, desde Darien, Connecticut

A esta altura ya es majadero decir que la Fed bajó sus tasas de interés en 25 puntos básicos.

Además que ya era algo sumamente esperado.

La verdadera historia es otra: que la búsqueda de la Fed de “normalizar” su política monetaria ha fracasado.

Nunca estuvo cerca de elevar las tasas entre 4% y 5%, pero los índices históricos muestran que es necesario combatir la recesión. La Reserva Federal de Estados Unidos también ha anunciado –dos meses antes de lo previsto- el fin del ajuste cuantitativo.

Y su balance general es aún mucho más alto que en 2008.

La pregunta ahora es: ¿qué viene a continuación?

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, decepcionó a los mercados cuando indicó que el recorte de tasas era un “ajuste político de mitad de ciclo”. La Fed no se comprometió a más recortes de tasas, podrán hacerlo en septiembre, como perfectamente no hacerlo. Esta actitud decepciona a los mercados y es una de las razones por las cuales las acciones retrocedieron pese al alivio.

La Fed ha estado tratando de subir las tasas para prepararse ante una potencial recesión. No obstante, estuvieron cerca de causar ellos mismos una recesión el pasado diciembre. En efecto, la Fed ha fallado en su misión principal y se encuentra ahora en retirada.

Esto genera incertidumbre en torno a la decisión que adoptará la Reserva Federal: ¿se retirará aún más o reanudará su rumbo deseado de elevar las tasas? Lo que sí sabemos es que los mercados no pueden soportar por mucho tiempo la incertidumbre, por lo que permanecerán volátiles hasta que se resuelva esta tensión.

¿Cómo llegamos hasta aquí?
En líneas generales, todos sabemos cómo la Fed y otros bancos centrales respondieron a la crisis financiera en 2008.

Primero, la Reserva Federal llevó las tasas de interés a cero y las mantuvo allí durante siete años. Esta extravagancia de tasas cero, expansión cuantitativa e impresión de dinero, fueron medidas que apostaban a atenuar el pánico y apuntalar al sistema financiero.

No obstante, nada hizo para restaurar el crecimiento a largo plazo o mejorar los ingresos de las personas al ritmo en que esto sucede de manera normal junto con una expansión económica.

En la actualidad, luego de diez años de expansión, los responsables de esta política están considerando las implicancias de una recesión. Solo existe un problema, como he dicho: los bancos centrales no han retirado los apoyos que han ofrecido durante la última recesión.

Si bien las tasas de interés han llegado a elevarse hasta 2,5% (ahora bajaron al 2,25%), esa cifra es mucho más baja que las tasas en torno al 4% o 5% que posiblemente se necesite para que la Fed pueda hacer el recorte suficiente como para afrontar la próxima recesión. La Reserva Federal ha reducido su balance general desde USD 4,5 billones a alrededor de USD 3,8 billones, pero esa cifra está aún muy por encima del nivel de USD 800.000 millones que existían antes de la expansión cuantitativa.

En resumen, la Fed (y otros bancos centrales) solo lograron normalizarse parcialmente y están lejos de poder afrontar una nueva recesión o un pánico, si éste se desatara mañana mismo. Le tomará años que sus tasas de interés y balance general vuelvan a la “normalidad”, y en este momento, en el que se dirigen en otra dirección, tal vez más.

Pero la expansión actual es la más larga registrada hasta el momento, por eso no se puede esperar que dure mucho más. Cuando llegue la caída, puede que resulte imposible salir de la próxima recesión. Los bancos centrales simplemente no cuentan con el “extintor” para combatirlo. 
Esto nos retrotrae a un serio problema…
El problema con cualquier tipo de manipulación del mercado (lo que los bancos centrales denominan “políticas”) es que no hay manera de hacerlo sin obtener consecuencias negativas. Una vez que tomas el camino de la manipulación, mantener el juego en funcionamiento luego requiere de cada vez más manipulación e intervención.

Y, eventualmente, ya no es posible dar marcha atrás sin bloquear el sistema.

Por supuesto, la manipulación por parte de los organismos gubernamentales y bancos centrales siempre comienza con buenas intenciones: uno de sus objetivos es “salvar” a los bancos o “salvar” al mercado de potenciales colapsos.

Pero este deseo de salvar a las entidades bancarias ignora el hecho de que muchas veces las quiebras y las caídas del mercado son necesarias y hasta saludables a fin de eliminar los excesos y disfunciones anteriores. Un colapso puede limpiar la podredumbre, colocar las pérdidas en su lugar y permitir que el sistema se reinicie y comience nuevamente con un balance ordenado y una nueva lección de prudencia.

En cambio, los bancos centrales van al rescate de las entidades bancarias corruptas y mal administradas. Se les ofrece un salvavidas a las personas equivocadas (gerentes y administradores de inversiones incompetentes) y deja hundirse a los inversores o trabajadores del día a día que observan como sus carteras se derrumban mientras los gerentes bancarios ineptos logran mantener su trabajo y grandes bonificaciones.

Todo lo que hacen es preparar el escenario para una crisis aún mayor en el futuro.

El mayor problema es que no hay salida, como he señalado: una manipulación lleva a otra.

La política de tasa de interés cero (ZIRP, según sus siglas en inglés) no funcionó como esperaban, por lo que la Fed tomó el camino de la expansión cuantitativa.

Después de la QE1, QE2 y QE3 (que sucedieron desde 2008 a 2013), a la que sobrevino el “ajuste” (2014) y luego el “despegue” de las tasas (2015), seguido de una “pausa” y de “paciencia” cuando se trataba de más subidas de tasas (2016-2019), la Fed ha vuelto ahora a reducir las tasas, y no podemos prever cuando abandonará esta decisión.

La Fed también anunció hoy que terminará con la expansión cuantitativa antes de lo previsto. El punto es que la Reserva Federal no ha logrado normalizar las tasas, ni tampoco su balance. Solo se trata de una manipulación tras otra que conduce a resultados endebles y a un callejón sin salida.

La última forma de manipulación es la que denominan “standing repo facility” que no es más que la expansión cuantitativa con otro sabor. Bajo este mecanismo, los bancos cambian su dinero a la Reserva Federal por letras del Tesoro con la promesa de que podrían cambiar nuevamente a efectivo de manera inmediata, de ser necesario.

En esencia, esta manipulación permitiría a los bancos tener menos reservas de las que se requieren en la actualidad, teniendo la certeza de que la Fed los respaldará ante cualquier problema.

Éste no es más que otro truco contable para limpiar el balance de la Reserva Federal. Y no será la última manipulación, estamos muy lejos de eso. Con toda probabilidad, este sea el comienzo.

Pero existen pocas razones para creer que las condiciones mejorarán. El temor es que Estados Unidos pueda convertirse en lo que es Japón hoy…

En mi libro publicado en 2014, “La muerte del dinero”, señalé que “Estados Unidos es como Japón a mayor escala”. Advertí eso hace cinco años.

En los 90, Japón comenzó su “década perdida”. No obstante, esa “década” se ha extendido a lo largo de treinta años. Estados Unidos comenzó su primera década perdida en 2009 y ahora está ingresando a su segunda década perdida sin vistas de salir de allí.

A lo que me refería en 2014 es que la política del banco central de ambos países ha sido completamente ineficaz a la hora de restaurar la tendencia de crecimiento a largo plazo o resolver la acumulación constante de deuda insostenible.

Mientras que en Japón este problema comenzó en la década del 90, en Estados Unidos se inició en 2009, y se trata del mismo problema sin una definición clara.

Resulta irónico que, a principios de la década del 2000, el ex presidente de la Fed, Ben Bernanke, criticaba a diario a los japoneses por su incapacidad de evitar la recesión, la deflación y el crecimiento lento.

Cuando comenzó la recesión estadounidense, durante la crisis financiera mundial de 2008, Bernanke prometió que no cometería los mismos errores en los que incurrieron los japoneses durante los 90. Pero no fue así, cometieron los mismos errores que los japoneses y ahora Estados Unidos se encuentra atrapado en el mismo lugar y permanecerá allí hasta que la Fed tome dimensión de sus problemas.

Pero –el entonces representante de la Fed- ignoró el papel de la velocidad (la velocidad de rotación de dinero) y la baja tendencia de las entidades bancarias a prestar o de los individuos a pedir prestado. Cuando eso sucede, la Fed está presionando una cadena, imprimiendo dinero con el único resultado de crear burbujas de activos.

En eso estamos hoy. El recorte de tasas actual no hará nada para revertir esta tendencia.

Saludos.

Jim Rickards

Jim Rickards es editor de Inteligencia Estratégica para Agora Publicaciones. Es un abogado, economista y banquero de inversión. Ha brindado su vasto conocimiento de los mercados a la comunidad de inteligencia estadounidense y al pentágono.